perséfone
(fragmento)

 

4 de Abril. Quizás sean las doce, no sé cuantas horas llevamos sin sentido, creo que muchas; levanto la cabeza,ya no sopla la brisa, Jack continúa reclinado en la butaca delantera, con la boca abierta, inmóvil, Daisy duerme sobre mi chaqueta, hace calor, la tapicería parece hervir en sudor rancio; despierto a Jack y le digo que es mucho mejor dormir en el suelo, debajo del coche, en sombra, él dice algo que no entiendo y los tres nos arrastramos debajo del motor, debajo del metal caliente.

Pasan las horas. ¡Crick!, parece un grillo paseándose por el interior de mi cabeza, ¿o es el coche dilatándose con el calor?, ¿música moderna?, ¡crack!, abro los ojos,Jack duerme, respiramos el mismo aire, tiene los labios cortados, rotos con cortes profundos, está pálido, con esa barba de muchos días, y unas ojeras azuladas que parecen temblar con la presión de chocantes pesadillas,¡guapetón!, pestañas largas, muy sexy, puntos negros en la nariz que debería limpiar ... y esos labios gruesos que me vuelven loca.

Creo que quedé dormida mirando su cara, fascinada, confiando más en mi misma, en mi fuerza interna, en aquel amor que sentía por Jack que me había hecho madurar como mujer, que había ensanchado mi capacidad de amar ... en aquel estrecho lugar entre la arena y los tubos y planchas de metal soñé oír la voz ronca de mi madre:

- No sufras, aguanta un poco que la energía y el optimismo provienen de dentro, mientras se levante una primavera cada año no te vayas a rendir, esa es tu fuerza.

Y luego Mami repitió algo que ya me había dicho hace muchos años, que nunca me fiase de un hombre, que nunca le dijese todas las verdades del alma, que los hombres no eran de confianza; luego, en un bochorno de ideas, ¿o eran sueños?, me reía a carcajadas de nuestro fracaso, de nuestra absurda desaparición en ninguna parte, me reía para perder el miedo, para volverme más fuerte, más valiente; y quise que Jack fuese partícipe de mi súbita emancipación, quise decirle que yo siempre me había lanzado en dirección a lo que creía que no podía hacer, como tocar la guitarra, como salir al escenario y ser estrella, como ser más rockera que Slash, Fat Boy y todos ellos juntos: ¡pero que tremenda sed!, ¡que hambre!, el viaje estaba creciendo como un bicho en el centro de mi tórax, al abrir los ojos Jack habia desaparecido.

Desierto de Sonora. Me despierto; al principio no me puedo mover, estoy encajonada, ¿donde está Jack?,Daisy no mueve el rabo, me mira, parece agotada, deshidratada, tiene el semblante de calavera, el hocico seco, ha perdido su collar de terciopelo rosa y los cascabeles.

- Daisy, tengo sed - digo impulsándome por la arena hacia atrás como un cangrejo, al salir me raspo la espalda con la placa - ¡que daño! - me levanto desorientada y subo sobre el maletero para explorar los 360 grados de paisaje, es casi completamente plano, pero distingo las aristas de dos gigantescas dunas apaisadas, una al norte y la otra al sur, dunas mágicas con sombras azabache que perfilan la silueta del valle, el rastro de un río que murió hace más de cien mil años; doy varias vueltas alrededor del descapotable, me abrigo con la chaqueta, tengo hambre, siento un enorme vacío en el estómago, me duelen los cortes en los labios - ¡la reserva de agua que Jack guardó junto al freno! ... ¡menos de media botella! - digo bebiendo un sorbo de agua caliente - toma Daisy.

La perrita desperdicia la mayor parte de su ración, su lengua cuelga como un estropajo.

- ¿Donde está Jack?

Anochece en el desierto y empieza el frío, un frío más húmedo, un frío que proviene del océano en una corriente de nieblas y nubes cargadas de rayos; me abrigo con todo lo que tengo, el pantalón rojo, la camisa pirata, el jorongo y la chaqueta.

- ¿Se habrá perdido? ... es nuestra cuarta noche en este lugar, ¿Daisy?

Al estar más desnutrida y cansada, el rocío parece que impregna mis huesos; pero no me voy a rendir, hago ejercicios de estiramiento como antes de salir al escenario; recuerdo noches con Slash, ¡qué auténtico es ese mulato de la guitarra eléctrica!, tatuajes, pulseras, anillos, sin camisa y sudado en concierto, fumando un cigarrillo debajo de esa mata de pelo rizado que le cubre la cara ... si, un apasionado romance abruptamente truncado por nuestras propias ambiciones, ¡maldita suerte!; tengo frío, pasa el tiempo, maduro ideas sobre el posible paradero de Jack, sobre lo mucho que lo necesito, y lo triste que estoy sin él, espero que vuelva pronto, necesito comer, ¿quizás encuentre algo en mi bolsa?, dinero, mi pasaporte, el espray naranja, un Kleenex y el lipstick fluorescente, nada más, pero la bolsa es de un cuero chocolate, con un borde de flecos que parecen de caramelo, durante horas intento masticar los cordones, segregando un poco de saliva que ingiero para calmarme la sed, son flecos de piel dura con un sabor ácido y desprenden un tinte que me deja la garganta adormecida y la boca marrón, no tengo fuerzas para llorar y al tumbarme en la arena junto a Daisy, por fortuna, no despierto hasta el amanecer.

Paso un larguísimo miércoles de soledad y calor debajo del motor del coche, hablando ocasionalmente  con el animal junto al cual estoy segura que pronto voy a morir, pues es mi impresión que en este estado de total  depauperación puedo extinguirme fácilmente.

- Daisy, estoy muy preocupada por Jack, quiero buscarlo donde quiera que esté, pero eso es una locura, un suicidio ... ven Daisy, ven más a la sombra con Mami, ya lo sé, estás cansada, pero quería contarte historias de mi pasado, de mi padre, de mi madre que vive en Phoenix, de Slash y los chicos, del horrible Fat Boy, mi marido... ¿donde habrá ido Jack?, tu dueño nos tiene abandonadas, mi pequeña, el mundo nos ha olvidado, perrita, hola, sé que me estás escuchando, que entiendes lo que digo - susurro abriéndole el ojo cadáver - ¡aaaaa! - no puedo contener un estruendo de tristeza - despierta, Daisy, mi pequeña Daisy, despierta ...

No recuerdo cuanto tiempo estuve llorando debajo del motor hasta comprender que si continuaba derramando lágrimas moriría deshidratada como Daisy; soplaba un viento con olor a mar, una brisa del oeste, un aroma de mi infancia, ¡una señal de mi pronto rescate!, pero al levantarme y alzar la mirada al cielo vi que aquello no era más que el presagio de la muerte, una banda de buitres indecentes aparecieron por todas partes, graznando y hambrientos, dispuestos a merendarse a Daisy si no hubiese sido por mi reflejo de usar de nuevo el espray naranja que tan bien había funcionado con Itar; dos de los pájaros quedaron paralizados y tuve tiempo de agarrar una bota y mutilarlos con la espuela de estrella, ¡hasta matarlos!, las otras aves escaparon despavoridas, en desbandada; tras el incidente me encontré cargada de adrenalina e inmediatamente me dispuse a enterrar a Daisy, empujando arena con los pies hasta conseguir el entierro completo, ¡que tristeza me sobrevino al ver como desaparecía aquella menuda bola!; estaba casi desfallecida después del esfuerzo del entierro ... y navegaba en un océano de lepra, tirada en el suelo, con las pupilas calcinadas y el espíritu como un barco corsario con las velas descosidas a un instante de naufragar cuando ...